domingo, 13 de junio de 2010

Ultimas ejecuciones del franquismo.

Los Últimos fusilamientos del franquismo o Últimas ejecuciones del franquismo acontecieron el 27 de septiembre de 1975 en varias ciudades españolas (Madrid, Barcelona y Burgos). Fueron ejecutados los militantes del FRAP, José Humberto Baena, José Luis Sánchez Bravo y Ramón García Sanz junto a los militantes de ETA Juan Paredes Manot (Txiki) y Ángel Otaegui. Estas fueron las últimas ejecuciones del régimen franquista, poco antes de la muerte del dictador. Esta muertes levantaron una ola de protestas y condenas contra el gobierno de España dentro y fuera del país, tanto a nivel oficial como popular.

domingo, 6 de junio de 2010

La eutanasia.

La eutanasia, cuyo significado etimológico es “buena muerte” y define el proceso que tiene por objeto ayudar a morir sin dolor a un enfermo en estado terminal e irreversible que así lo solicita, sólo ha sido legalizada en su aplicación más amplia en dos países: Holanda y Bélgica.
Existen tres formas de eutanasia: activa, cuando se provoca la muerte mediante drogas u otros métodos letales; pasiva, consistente en la eliminación de los medios destinados a prolongar la vida; e indirecta, cuando se administran calmantes con la intención principal de aliviar el dolor, aunque ello pueda anticipar la muerte del enfermo.
La eutanasia activa sólo es legal en Holanda y en Bélgica, mientras que otros países autorizan fórmulas como el suicidio asistido, como es el caso de Suiza y el estado de Oregon, o la eutanasia pasiva.
Oregon fue el primer lugar del mundo donde se legalizó la eutanasia, en diciembre de 1994, con una ley que entró en vigor en 1997 y que autorizaba a los médicos a prescribir drogas letales a los pacientes en fase terminal con seis meses de esperanza de vida que lo solicitaran y que se tenían que administrar los propios enfermos.
Dicha ley fue aprobada dos veces en referéndum y ha sido confirmada por la Corte Federal de Apelaciones (2004), y por el Tribunal Supremo de Estados Unidos (2006). Desde que entró en vigor ha sido usada en 200 casos de enfermos terminales.
Pero el primer país del mundo en legalizar la eutanasia activa fue Holanda en 2001, aunque esa práctica llevaba años siendo “tolerada” en ese país.
De hecho, en 1984 el Tribunal Supremo había admitido la posibilidad de no sancionar algunos actos de eutanasia; y en 1993 se había aprobado una ley, que aunque no llegaba a despenalizarla, si contemplaba su aplicación en determinados casos.
En el año 2000 se elaboró una ley que eximía de responsabilidad penal a los médicos que practicasen la eutanasia siempre que un enfermo en fase terminal lo decidiese libremente y estuviese sometido a un sufrimiento insoportable sin expectativas de mejora.
Dicha ley fue aprobada en el Senado el 10 de abril de 2001 y entró en vigor el 1 de abril de 2002.
El ejemplo de Holanda fue seguido por la vecina Bélgica, país que, el 23 de septiembre de 2002 despenalizó la eutanasia para los adultos en ciertos casos y bajo estrictas condiciones.

Francia usó a militares para estudiar los efectos de una explosión atómica

Soldados franceses fueron usados en los años sesenta para experimentar los efectos de una explosión nuclear en el Sahara de Argelia.

Pruebas nucleares francesas en el Sahara en enero de 1963.


Que los ensayos nucleares que Francia realizó durante algo más de tres décadas tuvieron daños colaterales y dejaron secuelas humanas es una realidad que las autoridades han tardado años en asumir.
Sin embargo, la posibilidad de que Ejército galo actuara deliberadamente exponiendo a sus soldados a los efectos radiactivos, a modo de cobayas, con fines experimentales es un hecho que, ahora, se antoja de más difícil digestión. Es en todo caso, lo que se desprende de un informe confidencial que ayer publicó el diario galo «Le Parisien» y que revela las arriesgadas prácticas a las que fueron sometidos centenares de militares durante las pruebas atómicas desarrolladas en el Sahara argelino, entonces colonia francesa, entre 1960 y 1966.
El informe en cuestión, redactado por cargos militares en 1998, es decir, dos años después de que Francia abandonara este tipo de ensayos, detalla lo sucedido durante una prueba nuclear estratosférica en abril de 1961, cuando apenas acababa de integrar el club de las potencias atómicas.
El objetivo: «estudiar los efectos fisiológicos y psicológicos producidos en el hombre por el arma atómica con vistas a obtener los elementos necesarios para la preparación física y la formación moral del combatiente moderno» precisa el documento. Es decir, las posibilidades de «reocupación de la zona tras una explosión nuclear», así como la capacidad de ataque y uso de armamento.
Un destacamento de trescientos hombres sirvieron de «ratones de laboratorio». En concreto, una patrulla que, sin apenas protección, llegó a aproximarse a 275 metros del «punto cero» en el que explotó la bomba.
La maniobra evidenció que el uso de máscaras de gas podía ralentizar el avance de las tropas en una eventual situación de guerra, por lo que según el informe, «su reemplazo por máscaras antipolvo ha sido solicitado» para los simples soldados ya que el comandante «no debe entrar en zona contaminada».

«Gran aventura científica»
Sorprende que lo que este documento militar confidencial califica de «gran aventura científica» haya pasado inadvertido a las altas jerarquías.
El ministro francés de Defensa, Hervé Morin, aseguraba ayer en ese mismo diario ignorar su existencia si bien recordó que su departamento hizo aprobar el pasado año, por vía legislativa, un fondo específico de diez millones de euros para indemnizar a los damnificados de los ensayos nucleares galos.
Pruebas en las que participaron en torno a 150.000 civiles y militares, de los que muchos desarrollaron cánceres entre otras enfermedades sin que el Gobierno francés aceptara durante mucho tiempo su responsabilidad.

martes, 1 de junio de 2010

sábado, 20 de marzo de 2010

Canciones para después de una guerra

Biografia de Francisco Ferrer i Guardia

(Alella, 1859 - Barcelona, 1909) Pedagogo y activista político español que fue el fundador de la Escuela Moderna e introdujo en España el racionalismo pedagógico. Perteneciente a una familia payesa acomodada y de raigambre católica, su formación académica la realizó de manera autodidacta. En 1873 se instaló en Barcelona, en donde trabajó en una casa de comercio y se contagió del ambiente político que por aquel entonces animaba los cenáculos catalanes. Sus ideas librepensadoras le llevaron pronto al anarquismo, tendencia en la que desarrolló una gran actividad como agitador y revolucionario. Además, se caracterizó siempre por la vehemencia con que difundió sus mensajes anticlericales.

En 1878 comenzó a trabajar como revisor para las líneas ferroviarias que unían Barcelona con Francia, lo que le permitió convertirse en el correo que aseguraba el contacto entre los revolucionarios españoles y el exiliado presidente del gobierno republicano Manuel Ruiz Zorrilla. En el año 1886, participó en el amago de pronunciamiento republicano en Santa Coloma de Fernés, llevado a cabo por el brigadier Villacampa.

Tras el fallido intento, Ferrer i Guárdia pudo eludir a la justicia y exiliarse en París, ciudad en la que descubrió su vocación pedagógica y desarrolló una brillante carrera al frente de la escuela laica que él mismo había fundado, con lo que se ganó prestigio internacional como pedagogo librepensador y enemigo del oscurantismo que por aquel entonces dominaba la enseñanza religiosa en España.

Al mismo tiempo, se relacionó con los más destacados líderes anarquistas del momento, como Elisée Reclus, Malato y Piotr Kropotkin y fue amasando una no menguada fortuna que le permitía llevar sin apuros una agitada vida amorosa -una más de las facetas de su curiosa personalidad-. Durante su exilio francés, hasta el año 1901, Ferrer i Guárdia ingresó en una de las ramas de la masonería francesa, Le Grand Orient de France.

Simultáneamente, alimentaba desde París una faceta de activista revolucionario que, aunque no era bien considerada por los sectores más ortodoxos del anarquismo español, se materializaba en el apoyo financiero que prestaba a la causa. En 1901, tras recibir la herencia que le dejó al morir Ernestine Mennier -una rica anciana parisiense a la que había dado clases de español desde 1894-, regresó a Barcelona, en donde se instaló y dio carta de naturaleza a algunos de sus más ambiciosos proyectos. Así, creó la Escuela Moderna, institución desde la que empezó a sembrar su fructífera semilla laica y anticlerical, fundó una editorial íntimamente ligada a su proyecto educativo y fue editor del periódico anarquista La Huelga General, labor con la que contribuyó notablemente al fortalecimiento del sindicalismo anarquista catalán.

Sus arriesgadas operaciones financieras -llegó a especular en Bolsa- no eran bien vistas por las bases del anarquismo revolucionario, a pesar de que los beneficios obtenidos por Ferrer i Guardia sirvieron para financiar algunas acciones armadas tan importantes como el atentado en París contra Alfonso XIII (1905) y el frustrado regicidio que protagonizó Mateo Morral -profesor de la Escuela Moderna de Barcelona- en Madrid el 12 de abril de 1906.

Tras el suicidio de Morral, y la subsiguiente investigación policial, Francisco Ferrer fue declarado cómplice de la intentona regicida y posteriormente detenido, pero quedó en libertad en 1907, ya que no se reunieron pruebas concluyentes contra su persona. Empero, la Escuela Moderna fue clausurada por orden gubernativa en 1907, lo que le animó a emprender una gira por varias ciudades de Europa, en la que encarnó a las víctimas del furibundo poder eclesiástico español, ya marcado como un hombre peligroso para el gobierno central, por su actitud cada vez más radical y reaccionaria.

Se trasladó a París para colaborar, en unión de varios anarquistas relevantes, como Laissant, Carlos Albert, Eugenio Fourniére, Malato, etc, en la fundación de la Ligue Internacionale pour l´educatión rationale de l´enfance. El objetivo primordial de la liga era continuar en Europa la obra pedagógica comenzada en Barcelona por Ferrer i Guárdia, para lo cual se creó un Comité Internacional, presidido por el propio Ferrer i Guárdia, así como la fundación de una revista, La Escuela Laica, que estaba cortada por el mismo patrón ideológico que sus anteriores publicaciones. Debido a su paulatina proximidad con los elementos revolucionarios sindicalistas de Barcelona, se fue distanciando de Alejandro Lerroux, jefe de los republicanos radicales.

En junio del año 1909, de regreso a España, decidió organizar una huelga general en defensa de los presos de Alcalá del Valle; pero la convocatoria no llegó a tener el efecto deseado al amnistiar Maura a los condenados. Cuando en julio de aquel mismo año estalló la que después sería conocida como Semana Trágica, Ferrer i Guardia fue inmediatamente relacionado con ella, e incluso se le responsabilizó de los violentos hechos que durante aquellos días se sucedieron, aunque había permanecido todo el tiempo en su finca de Montgat.

Fue acusado detenido por los somatenistas y juzgado por un tribunal militar, fue hallado culpable de ser el autor material del incendio del convento de Premiá, y condenado a la pena capital, sin que las garantías procesales ni las pruebas aportadas en su contra dejaran una indudable sensación de que se había hecho justicia. En la clase política, aterrada por la virulencia de quienes se habían arrogado el derecho a ejercer la represión, no se alzó ninguna voz que clamara contra la condena del exaltado anarquista, ni siquiera entre los círculos de la izquierda oficial, donde se tenía a Ferrer por el máximo responsable de los hechos que se le imputaban.

Sin embargo, la izquierda internacional solicitó al gobierno de Maura la conmutación de la pena, súplica que fue constantemente ignorada. Lo realmente penoso del juicio fueron los múltiples testimonios falsos y llenos de rencor vertidos contra él por parte de sus enemigos políticos que vieron la oportunidad de librarse de un adversario político. En el juicio se prohibió la comparecencia y el testimonio de todas las personas que podían demostrar su inocencia.

Así las cosas, al amanecer el día 13 de octubre de 1909 Francisco Ferrer i Guardia fue conducido al cadalso y fusilado vilmente en nombre de una legalidad tan dudosa que ni siquiera había sido capaz de garantizar la limpieza de su procesamiento. Se cuenta que exigió que no le vendaran los ojos, y que, poco antes de escuchar la voz de "¡fuego!", se dirigió a los soldados que formaban el pelotón, les conminó a que apuntaran bien, les recordó que mataban a un inocente, y exclamó: "Viva la Escuela Moderna".

El vergonzoso juicio y la posterior ejecución de Ferrer i Guárdia motivó una campaña internacional de mítines y movilizaciones en todas las principales capitales europeas y que pilló por sorpresa al gobierno español, causando tal crisis que su primer ministro, Antonio Maura, se vio obligado a dimitir, lo que le acarreó el definitivo apartamiento de la política activa.

Ferrer i Guárdia dejó escritos bastantes libros y artículos, entre los que cabe destacar títulos como L´espagnol practique (1895), Enseigné par la methode Ferrer (1895), Los pecados capitales (1900), Cuento ateo (1900), Ferrer y la Huelga General (1909). Tras su muerte se publicaron las siguientes publicaciones póstumas: La Escuela Moderna (1910), Póstuma explicación (1910) y Alcance de la enseñanza racionalista (1910).

La Semana Trágica de Barcelona (1909)

Barcelona, corazón en aquella época de la industrialización española, había vivido desde principios de siglo un gran auge de las movilizaciones obreras que había culminado en 1907 con la creación de Solidaridad Obrera, organización anarquista que nació como respuesta a la burguesa y nacionalista Solidaritat Catalana.

Alejandro Lerroux y su Partido Republicano Radical también se desarrollaron en la Ciudad Condal con un programa demagógico y anticlerical.

La Ley de Jurisdicciones de 1906 trajo un reforzamiento del anticlericalismo y antimilitarismo en la ciudad. La política autoritaria del gobierno de Maura no ayudó a calmar los ánimos.

Sin embargo, fue la guerra de Marruecos, la que determinó el estallido de la Semana Trágica:

Los ataques de los habitantes del Rif contra los trabajadores españoles de una compañía minera llevó a la movilización de reservistas. Las protestas obreras pronto aparecieron en Barcelona y Madrid.

Los primeros choques militares se saldaron con el Desastre del Barranco del Lobo con más de mil doscientas bajas españolas. El día 26 de julio estalló la huelga general en Barcelona, convocada por Solidaridad Obrera y la UGT. Se iniciaron tres días de protestas, quemas de conventos, enfrentamientos con el ejército. La Semana Trágica tuvo un brutal coste humano: un centenar de muertos, heridos, destrucciones... La represión fue muy dura y culminó con el juicio sin garantías y la ejecución de Francisco Ferrer y Guardia, pedagogo anarquista y fundador de la Escuela Moderna.

La Semana Trágica se llevó por delante el programa reformista de Maura. Mientras el PSOE conseguía que Pablo Iglesias fuera elegido diputado en 1910, el liberal José Canalejas llevó a cabo el último intento regeneracionista dentro del sistema de la Restauración. Sus acción reformista (servicio militar obligatorio en tiempos de guerra, ley del "candado", Ley de Mancomunidades que se vio finalmente frustrada en el Senado) acabó brutalmente con su asesinato por un anarquista en 1912. En adelante, podemos hablar de una crisis permanente de los partidos del turno.

La I Guerra Mundial dividió al país entre aliadófilos (liberales e izquierdas) y germanófilos (derechas conservadoras), pero trajo un periodo de prosperidad económica. España, neutral, pudo convertirse en abastecedora de muchos productos para los países contendientes.